Anteriormente he tomado un par de cursos en línea. Para ello requería fijarme un horario de estudio y además de respetarlo, intentaba crear un espacio que fuera adecuado para aprender (aprendí que la cama no es el mejor lugar). Quise además aprender un idioma de cero y creo que me fue bien, pero por cuestiones que no sé precisar en este momento, abandoné las clases de italiano a distancia.
Cuando investigué sobre la UnADM pensé que sería un reto para mí, mi constancia y disciplina y mi manera tan sistemática de ser (para la mayoría de cosas), pero jamás pensé en todo lo que he aprendido con estos días del propedéutico.
Es decir, la vida escolar presencial es simple (a mi manera de pensar), la mayoría de los recursos nos son dados de forma instantánea y contamos con un guía para aprender de manera grupal (y no quiero decir que no sea igual de difícil cursar una carrera en una universidad presencial), pero ingresar a una universidad a distancia requiere además un grado de autonomía mayor. Considerar que se trata de nosotros mismos generar un espacio diario o semanal para el aprendizaje, el estudio y la interacción estrictamente vinculadas a temas de cierta índole.
Lo anterior no sólo me parece un reto, también me emociona re-aprender a aprender, es además pensar que estoy desarrollando y/o mejorando habilidades y competencias de aprendizaje y comunicación.
Más allá del espacio físico, lo principal en esta modalidad es la seguridad y el compromiso que tiene cada uno consigo mismo y nadie más.
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